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Mostrando entradas de abril, 2020

Vidas de papel (fragmento)

El viejo me alcanzó el mate y mientras lo tomaba, preguntó: - Entonces, como está? Di el último sorbo, con ruidito. - Está bueno. - No, no el mate. Usted. - mientras me señalaba con el dedo. - Ah. Bien, bien. Puso cara de fastidio. Cebó un mate para él mientras deslizó: - Que triste. Lo miré sin comprender a que se refería. Quizás no me había entendido. - Le dije que estoy bien. - Y yo dije: que triste. - y me miró a los ojos para que no quedara duda. Luego volteó a ver el mar. - Disculpe pero no entiendo. Le digo que estoy bien y a Ud eso le parece triste? Dándome la espalda, repuso: - Lo triste mi amigo, es mentirse a uno mismo. - Usted dice que miento? Me está llamando mentiroso? - repliqué indignado. - Dígamelo usted. Le pregunto nuevamente: como está? Hablaba con una tranquilidad que contrastaba con mi estado de ánimo. Eso me enojaba aún más. Ofuscado respondí: - Ya le dije que bien. Pero que importa si usted no me cree. Sentía bronca por aq

Flash

Imagen
Sería una tarde más, allá por el 89 o 90. En un rincón al sur del mundo, por las callecitas tristes de una ciudad con vista al mar, un niño se detiene en la acera. La madre, que lo acompaña desde la escuela, decide sacarle una foto. Decide que hay que resguardar a ese niño, ponerlo a salvo del tiempo que, sabe, viene sin prisa pero sin pausa. Que viene como quien no quiere la cosa, así, bobeando, haciéndose el distraído. Pero en un abrir y cerrar de ojos, ese niño no estará más allí. Ese niño volará como las hojas de ese otoño amarillo y en cada invierno, el almanque le abrirá tajos en la piel. Le mostrará un mundo ancho y redondo que, a sus cortos 5 años, ignora. Así que arregla con el fotógrafo, por una módica suma, la salvación de aquel niño. El hombre se prepara. Saca su cámara, ajusta el objetivo y la exposición. Hinca la rodilla al suelo, enmarca al niño, apunta. Y dispara. El fogonazo de luz le arranca media sonrisa y una mirada limpia a prueba de balas. La otra mitad de

Andén

Todo me huele a muerte. En esa sombra que entra en la casa y crece a mis espaldas. En ese hombre que otea el cielo, buscando no se que rastro de esperanza. En esa gente que revuelve los restos del naufragio, buscando un signo que los salve de tanta duda. En esa campana que tañe, como un grito lastimero e inútil, mientras el silencio avanza. Ya no hablamos solo nuestras manos se entienden. El cielo va tomando el color de mi alma . Quizas llueva y me limpie. Quizas llore y me sane.

Acá atienden rápido

- La verdad que no me esperaba esto. El tipo inclinó la cabeza unos centímetros, los suficientes para mirarme por encima de sus lentes grasosos. Tenía una expresión de cansancio y aburrimiento de siglos. Preguntó, casi como si recitara un dictado: - Y que esperaba? Se ve que era una pregunta habitual. - En realidad no esperaba nada – respondí. - Bueno, ya ve. Esto sobrepasa sus expectativas entonces. No tenía nada que agregar ante un razonamiento tan lógico. Y de cualquier manera, si tuviera algún reclamo, el tipo sólo era el empleado de Informes. Sabía bien como funcionaba esto. - Bueno - dijo, mientras se sacudía una pelusa imaginaria del saco - ahora saca un numerito y espera que lo llamen por la pantalla - me lanzó una mirada admonitoria - Trajo todos los papeles verdad? - Si claro - dije mientras le mostraba la carpeta marrón con el número de trámite y en grandes letras negras: Pablo Ramírez. - Bueno, muy bien - respondió, por decir algo. Ya había perdido to

A LOS VISITANTES

Hola, como estás? Espero encuentres algo que te guste en mis escritos. Es muy importante para mi tu crítica, comentario, opinión. Eso me ayuda a mejorar en la escritura y me anima a seguir escribiendo. Por otro lado, te invito a suscribirte para que puedas ir recibiendo nuevos textos cada semana. Eso me permite saber cuanta gente pasa por aquí y lee aunque sea uno de los textos. Abrazo! Maxi Guerrero

La suerte es una cosa fragil

En el exacto momento en que el Sr. P introdujo la llave en la cerradura de la puerta de su casa, en la acera de enfrente se decidía su suerte. El destino, ese dios caprichoso, tejía su telaraña invisible. Es extraño y, bien mirado, angustiante, pensar que mientras uno hace cualquier cosa (por ejemplo leer estas lineas) en algún lugar se está urdiendo la trama secreta de nuestra vida. O de nuestra muerte. Quizás este poquito más de grasa que comimos hoy, contenga el infarto que nos despierte en un par de días o meses, con una puntada mortal. O puede ser esta copa de vino, una más, la que en ese breve segundo de pestañeo al volante nos lleve a hacer esa maniobra fatídica. O quizás ese tipo con el que nos cruzamos en el momento equivocado. Cada acción que llevamos a cabo, cada decisión que tomamos en el momento presente, contiene en sí las múltiples posibilidades que irán forjando nuestro destino. Ya fue dicho hace mucho tiempo: los caminos del hombre son infinitos, pero sólo uno verd

La flor secreta

Nunca pude atravesar los muros salvo aquella vez que se me dio la visión de la flor secreta abriéndose en luz estallando en amor diamante vegetal toda pureza flor secreta y abierta corazón del mundo

Vidas de papel (fragmento)

Cuando el sol lentamente se fundía sobre la costa amarronada y la luna comenzaba su procesión de novia despechada por el cielo, el viejo se puso de pie. Carraspeó un par de veces, pasó su mano sobre la melena blanca y volteando sus ojos hacia el azul de la tarde, habló: "Asesinos! Eso es lo que son. Sus manos están manchadas de sangre. Sangre justa, sangre inocente. Roja sangre, como roja es la furia de dios. Yo los culpo, los juzgo y los condeno. Han asesinado la belleza. Han profanado el santuario. Han degradado al hombre y arrebatado su alma. Falazmente han trocado lo bueno en malo y lo malo en bueno. Hipócritas! Hoy lloran su desgracia y la desgracia de sus hijos. Han mutilado la lengua y separado la cabeza del corazón. La palabra, que nació con el hombre, hoy muere pisoteada bajo sus pies. El amor es una mercancía y la felicidad, una droga. Todo se derrumba y ustedes aúllan de terror entre los escombros. Malditos sean! Una y mil veces malditos! Ya es tarde. Y yo estoy mu

A Malena

Estas tallada en mi brazo con la fuerza de la vida. Tu sangre oscura, fuerte, recorre mis venas desde el principio del tiempo. Sos un sol eclipsado misterioso en lo alto. Sos la luna y sus afluentes, el remanso de un árbol. El cielo y sus constelaciones. La tierra bravía y la paz de los cerros. Te llamaré por tu nombre en susurros sobre el altar de la noche y vendrás en un sueño remontando el ancho rio como el presagio de un día nuevo

Ausencia

Esta noche alguien buscará mi nombre entre las cosas. Se detendrá en el umbral de la madrugada adivinando mi forma, palpitando la sangre que me llama, que reclama mi lugar entre la gente. En la plaza preguntará a aquel árbol que conoce mi ausencia, que con sus manos señala el cielo como una flecha rota, enmohecida, clavada en la tierra. El reloj dará su hora, no la mía, y detendrá el tiempo hasta que regrese.

Nocturno de cuarentena

El tiempo se desgrana lentamente, mientras el sol marca el perfil de todas las cosas. El silencio se empoza sobre el barrio y solo el canto de algún pájaro dibuja ondas sobre sus aguas. Hace tiempo (cuanto tiempo ya?) había una vida. Una existencia de ruidos, rumores, traqueteos, explosiones. Una vida agitada, un aleteo impredecible, como el incierto vuelo de un ave surcando el cielo. El futuro, ese camino hacia el horizonte, aún despedía sus fulgores. Un enjambre de gente  zumbaba sobre las calles, un torrente eléctrico y furioso sobre el asfalto calcinado. Ahora, todo está en calma. Lo que alguna vez fuimos, lo que quisimos ser y no, los deseos, el sonido y la furia, todo se desvanece. La vida está en pausa. El sol sigue allí, pero nosotros no estamos. Los árboles envejecen en el otoño, pero no hay niños pateando sus hojas. Los negocios dormidos, en un descanso improvisado. Las azoteas con la ropa al sol, como una bandera blanca que flamea. Los gatos nocturnos, dueños de la calle

Ningún perro ladró

- Callá a ese perro por el amor de dios!- suplicó la vieja- Me destroza los nervios oirlo aullar así Descorrió la cortina un poco y miró a traves del vidrio mugriento y empañado. Entrecerró los ojos haciendo un ezfuerzo por ver, totalmente inútil. La noche cerrada y la niebla tornaban imposible ver más alla de la ventana y transformaban el paisaje circundante en un escenario espectral. La vieja llevo su mano al crucifijo que pendía del cuello, como quien acude a un amuleto para espantar la desgracia y susurro: - Más parece un alma en pena que una criatura del Señor... El viejo la escuchaba pero no la veía. Sumergido en sus pensamientos, miraba a la nada mientras cebaba lentamente un mate lavado. Cuando había comenzado el invierno? No lo podía recordar con precisión. Pero podía jurar que llevaba mucho tiempo encerrado en el rancho, cercado por el frio y la niebla. Había intentado recordar el último día de sol, para lo cual tenia que hacer un esfuerzo mental que lo dejaba agotado

A Julio Inverso

Es invierno otra vez. Las calles vuelven a poblarse de hojas moribundas, mientras los árboles desnudos arden en la ciudad gris que agoniza lentamente junto al ancho rio-mar. El invierno le sienta bien, es el vestido predilecto de esta ciudad suicida que devora a sus hijos por el tedio o la indignación Entonces el poeta se levanta de su tumba, de su letargo milenario, de su olvido de todos. Se sacude la maldición que pesa sobre su cabeza, carraspea y habla. Incendia la ciudad con sus fuegos fatuos, destruye el bronce de las mentiras, derriba puertas, rompe los vidrios a pedradas, hace añicos esperanzas anémicas, aúlla con los lobos, danza sobre los cuerpos de los traidores, ya sin vida y canta. Fuma, escupe versos, maldice todo lo que huela a autoridad, dinamita los puentes que lo llevan al recuerdo, construye caminos hacia un futuro incierto y levanta ciudades brillantes cubiertas de papeles de diversos colores. Agotado por su misión, llama a sus amigos y anuncia su inminente partida

Vidas de papel (fragmento)

A la hora en que los murmullos estivales se apagan como el eco de una canción antigua y lejana y los grillos atacan el primer movimiento de su sinfonía nocturna, el patio se transformaba en un templo pagano. Era cuestión de dejarse llevar por la modorra del atardecer y su paleta multicolor, justo antes de que el negro de la noche lo consumiera todo. Entonces, en la hora mágica, los contornos que durante el día eran el telón de fondo de nuestras actividades cotidianas perfilaban un rostro distinto. Como en un viejo ritual en que la luna naciente oficiaba de sacerdotisa, todo cobraba vida. Bajo su luz espectral, sangre blanquecina derramada sobre la piedra laja, el mundo recobraba su primigenio rostro. Yo me dejaba mecer, entre el rumor de azahares y la cálida brisa veraniega, hacia el altar de la noche. Y escuchaba: los naranjos, que durante el día eran dos ancianos esmirriados y parcos, se soltaban y comenzaban una discusión empezada años atrás. Las naranjas, alegres y vivarachas, dan

Iluminación (pequeño esbozo de una muerte)

I - Sueño El hombre se detuvo. Entonces sintió el dolor de su cuerpo. Sintió pequeñas agujas en las piernas, los pies hinchados dentro de las botas y el pecho a punto de explotar. Parecía como si de repente se le hubiera cortado el aire y se ahogaba. Se llevó una mano al pecho, instintivamente. Los ojos, desorbitados, intentaban traspasar la oscuridad, cortada apenas por el reflejo de la luna sobre el bitumen y las luces de algún coche que, ocasionalmente, atravesaba la ruta. Encorvado, con las manos sobre las rodillas aguantando el peso de su cuerpo, parecía a punto de caer. Se balanceaba peligrosamente hacia delante y atrás, moviendo las piernas sin coordinación en una danza primitiva. A pesar de todo, no sentía miedo. Su conciencia tomaba nota de las señales que daba su cuerpo adolorido e intentaba (en vano) recordar donde se encontraba. Y cayó. La tierra húmeda por el rocío de la noche, lo recibió blandamente, como si lo hubiera esperado por mucho tiempo. Ya sin luchar con