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Mostrando entradas de febrero, 2021

Égogla

Acomodó sus manos, como dos palomas tranquilas que encuentran al fin reposo  y miró la tierra oscura, la tierra madre de piel ajada y dura; piel morena como sus manos curtidas, dolientes, que acarician con ternura su henchido vientre de vida nueva. Y recordó el amor, esa herida de luz: el abrazo salvaje y su cuerpo rendido frente al asedio, ciudadela sitiada por el deseo. Como la tierra hembra que abre sus piernas firmes; y jadeante recibe la lluvia cálida del verano y el sudor del hombre que la preña. Los bueyes que trozan sus negros racimos, y el cuerpo terroso que se entrega, exhausto, a la siesta de los árboles. - Será aquí, dijo. El hombre la miró largamente, con el amor en la punta de sus ojos; y su boca se abrió en una sonrisa. Un pájaro cantó sobre el mástil de la noche.