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Mostrando entradas de agosto, 2020

Ellos

Ellos no conocen la materia oscura del dolor. Reciben, tan solo, sus golpes. Ellos no saben (qué van a saber) lo que es deshilacharse, rasgar la carne, parir un hijo; dar amor como quien da la vida. Ellos no sangran (lava subterránea que brota, inexorable, de un tajo abierto en el tiempo y que nunca, jamás, se cierra) Ellos van por ahí contando sus penas, como monedas sucias, gastadas, fuera de circulación. El miedo los vence. Y cuando la luz se ausenta, a escondidas lloran; y se marchitan y envejecen solos, siempre solos.

Como toda respuesta

Los árboles arden en el rojo crepitar de las hojas del otoño; y desde el río sube una canción de pescadores. Los botes taciturnos se balancean  sobre el agua; y el sol, dulce naranja, rueda por el cielo más allá del monte. Y no es tristeza sino una lejana pregunta, que empuja con su enigma sobre los hombros. El viento susurra sobre la copa de los árboles; y hasta parece que quisiera decir algo. Pero calla. Y mientras la noche tiñe de oscuro la ribera, los pescadores fuman. Lanzo una piedra y en las ondas del agua, flota el silencio como toda respuesta.

Algunas certezas

Yo sé que en algún lugar el cielo esconde sus misterios. Que la mar es una hembra, voluptuosa y salvaje. Que detrás de cada puerta, hay otra puerta hecha de silencio. Que la vida nunca, nunca, puede ser sólo esto. Y también sé, que en cada palabra hay un pájaro de luz, que se debate entre la vida y la muerte. Todo lo demás lo ignoro.

Tabla de salvación

Las flores muertas sobre el mantel de hule. Los viejos y raidos buzos azules. Las sombras en el altillo, que ninguna luz doblegó. El batón desteñido, vencido por el tiempo y las polillas. Sobre la cómoda, un retrato en sepia se desangra, mientras la casa se hunde en la tarde. Los cuerpos flotan de espaldas a la noche. Y aferrado a un recuerdo, apenas sobrevivo al naufragio.

Recuerdo

Un bote amarrado en la orilla del río inmóvil. Mientras más allá del río, la vida continúa con su expansión incesante, caótica, atropellada; síncopa de una melodía inacabada. Yo soy el bote que permanece, mientras a mi alrededor, la vida se agita nerviosa, como un pez que agoniza sobre la arena.

Para nada

Este dulce canto, leve, como el gorjeo de un pájaro liviano; y sin embargo dejando la vida y preguntando por qué  dolor, por qué noches sin luna, sin dios. Y que hay de esa pálida luz que se insinúa, que canturrea, pero llega irremediablemente tarde y ya no sirve absolutamente para nada.

El amor nos separará de nuevo

                                                 A Ian Curtis Cargas el odio como una piedra, duplicando el negro sobre tu lomo; en el espacio en carne viva donde crecieron alas heridas. Corazón cercado, roto corazón, a un golpe de tiempo y de vida. Amor convulso, desmayado amor, eléctrico y nervioso. Bandera rota, vencida, que ondea ya sin aire, sobre la viga de la cocina.

Los días felices

No, ya se que no volverán los días felices. Pero es que a veces siento el peso de la vida que empuja, con su piedra de silencio, sobre mi espalda. Y cuesta tanto mantener en pie este árbol que se inclina, se sacude, se desgaja y quiebra con cada golpe de tiempo.

Final de juego

Jugamos a fingir que algo no se rompió. Y de tanto ensayar esta farsa, olvidamos por qué y cuándo comenzamos el juego, que hoy es solo un gesto mecánico y que ya a nadie divierte.

Confusión

 Debo decir: - La noche ha tocado a mi puerta; y sin embargo digo tu nombre. Confundo la noche con el día.

Probabilidad de tormenta

 Una a una han caído las estrellas y ya no quedan colores en el cielo. Solo el oscuro que pesa como el silencio. Extrañas visiones me han sucedido: pájaros tenebrosos se agolpan en la ventana y una jauría de perros nocturnos merodean mi puerta. Te ruego que vengas y no olvides tu paraguas violeta. Esta noche hay probabilidad de tormenta.

Instrucciones para volar

 Los pájaros no saben que no pueden volar (nadie les dijo nunca). Tan solo despliegan sus alas y se arrojan al vacío. Si dudaran por un instante, no serían pájaros y el cielo sería un poco más triste. Volar es un acto de fe.

Preguntas VIII

 - La gente está loca, dijiste, mientras la botella volaba sobre el muro. Y en las ondas expansivas del impacto, pregunté: - Y por qué nos encierran a nosotros? Tu respuesta restallo como un látigo, cruzando la cara de la noche: - Para no ver su locura. La poesía vuela sobre los muros y estalla en mil pedazos.

Hábitat

Quiero romper mí voz y callo. Desde hoy desconocere la lengua materna, la de mis primeros pasos y su balbuceo errante; la de los secretos en la siesta y las plegarias con dios en la ventana. Olvidaré como y con quién y que decíamos, mientras el río indolente se precipitaba al ocaso y nuestra vida estaba tan cerca y tan viva, que casi podíamos tocar la otra orilla. Olvidaré la forma de las palabras, aquellas redondas que nombraron al amor y los triángulos y sus filos que inauguraron la tristeza y el dolor. Me quedará el verde rumor de naranjos  y eucaliptus, las caricias de un sol tímido y vacilante, la piel dura del mar y su azul sin respuestas, el amargo en la boca del primer cigarro con tos y tus manos que curaron todas mis heridas. Quedará el espacio imperceptible entre los labios y el movimiento que antecede al gesto, inútil ya, de cualquier palabra. Desde hoy habito el silencio.

Preguntas VI

Recuerdo la cadencia de tus labios, las extrañas formas  que tomaba tu pelo sobre la almohada y la vez que dijiste: - No. Y la cancel se cerró. Fue el día que nevó en la ciudad y los lobos tomaron las calles. Cada sombra era una trampa y los pájaros chocaban contra las ventanas. Mí cabeza era un parlante y yo, un monje desterrado que repetía su mantra a los desprevenidos transeúntes: - Usted la vió? La poesía es, también, una pregunta dolorosa.

Preguntas VII

Pan Leche Azúcar 200gr de jamón del más barato y una mariposa, con su paleta psicodélica, fulminante sobre el iris; y de repente estoy volando, eléctrico, furioso, sobre las cabezas que miran con asombro mí vuelo errático y fugaz. Hasta que la voz impaciente de la fiambrera, me baja a tierra, como un piano que se desploma sobre la vereda: - Señor que va a llevar? La poesía abre sus alas en cualquier momento.

Que hacer con los poetas?

A los poetas hay que matarlos de chicos antes que descubran  la farsa y rápidamente se refugien en sus madrigueras a inventar la palabra o descubran el silencio para destruir este mundo y llenarlo de niños de pájaros de flores que crezcan sobre el cadáver de un edificio de 50 pisos y vidrios espejados.

Por dormirte

Por dormirte sobre una nube que diera por dormirte. Por soñarte alzando el vuelo sobre lo verde recortando cielo; espumando el agua a vuelo rasante. Luz eterna, amor de mi costado, mi trébol de cuatro hojas, suerte de mis dias. Que diera por dormirte y que tu risa me despierte.

Réquiem por la luz

Lloro por la luz que agoniza, rendida, a los pies del limonero. Herida de sombras, sangra y no sé que palabra invocar como eficaz sortilegio. Para derrumbar la noche. Para convocar el día. Y traer de vuelta el luminoso brillo que corte el aire  del invierno frío. La luz se muere en mis manos.

Más allá de esta noche

Bajo la máscara de esta noche, se esconde un dolor agudo. Un hondo pozo hecho de piedra y tiempo; y en su lecho barroso, inquieto se revuelve un recuerdo antiguo. Pero también hay sol más allá de esta hora. También hay  aire limpio y flores frescas aleteando en el cantero. También hay pájaros que trinan su melódica existencia. Más allá de lo oscuro, también hay manos que acarician la vida.